El fin de la novela

Periodista: ¿Nunca se propuso escribir una novela?
Borges: Novela no, no, no. No: se que es un esfuerzo inútil, pues antes del capítulo cuarto la abandonaría. No se pueden escribir trescientas páginas valiosas. La novela terminará por desaparecer. La mejor novela tiene largas parrafadas inútiles, destinadas simplemente a servir de puente entre un episodio y otro, verdadero relleno.

(En "Revista Crisis (1973-1976). Del intelectual comprometido al intelectual revolucionario. Antología". Universidad Nacional de Quilmes Editorial, p. 519)

Más allá del valor profético de las palabras de Borges, lo que me llamó la atención es la perspectiva que abre: pensar que la novela, como la zarzuela, el ragtime, las moralidades y los autos de fe, los epigramas y las fábulas (aunque estas perduran y venden millones de ejemplares en forma de libros de management en el mundo de hoy), que la novela puede desaparecer, como todos los géneros. Desde que nacemos, estamos inmersos en el mundo de la novela: se venden en los aeropuertos, en los kioscos de revistas, se publican en los diarios en formato folletín, se venden como fascículos o se regalan para aumentar la circulación de un medio gráfico, todos los años hay concursos millonarios para premiar una novela y son los novelistas, desde las páginas de las revistas dominicales, que asumen el lugar de Intelectual.

Desde la época en la que hablaba Borges en esa entrevista, en 1976, el decontructivismo literario ha aventurado en libros el fin de la novela, el fin de la literatura, el fin de la escritura estética, etc.
Y también algunos novelistas, como el español Eduardo Mendoza: "La novela ha muerto como fenómeno social, pero sigue existiendo como un componente esencial para construir el mundo en nuestras cabezas. La novela es una forma de comunicación donde las acciones de los personajes tienen un valor, un significado. Son nuestra base para crear referentes morales, como lo es el cine que merece ser considerado".

Creo que a lo que se refiere el español con el "fin de la novela como fenómeno social" es al cambio cultural en su audiencia. Así como el realismo literario fue posible (dice Ian Watt en The rise of the novel) en Inglaterra por la difusión en amplias capas sociales de los valores de la modernidad: individualismo, movilidad social y alfabetización; y las novelas de Defoe y Richardson fueron efectivamente el espejo en que se miró la clase media en ciernes. Ese lugar ahora lo ocupa la televisión.

Lo cierto es que se siguen escribiendo novelas geniales (o por lo menos, muy buenas) todos los años. Quizás solo el micromundo de periodistas, editores, escritores, agentes literarios y estudiantes universitarios le de alguna pelota: ya no son de interés "general". Y, sin embargo, la prueba de que el género sobrevive es la calidad de las obras.

Quizás cuando la modernidad se termine y realmente ingrese el mundo en una posmodernidad se acabe la novela.

3 comentarios:

Sancho dijo...

La novela es lo que nos dio verdadera ventaja competitiva en la selección natural. Es la herramienta absoluta de la especie.

Felipe dijo...

Y eso que es un género también practicado por criautas de estratos inferiores del reino animal!

Felipe dijo...

criaturas